Los entornos de aprendizaje que despiertan la alegría y cultivan oportunidades para el juego son centrales en el proceso de aprendizaje. El juego apoya el aprendizaje y el desarrollo de los aprendices de todas las edades, desde la primera infancia hasta la adultez. Participar en el juego puede despertar la curiosidad, el asombro y la imaginación a medida que los aprendices construyen nuevas comprensiones y desarrollan relaciones. Estos actos de actitud lúdica pueden llevar a los aprendices a experimentar una sensación de alegría que fortalece su compromiso con el proceso de aprendizaje, desde la infancia temprana hasta la adultez.
Además, para los aprendices históricamente marginados, encontrar un sentido de alegría puede constituir un acto de resistencia frente a sistemas opresivos. Por ejemplo, la noción de Black Joy[1] se centra en ideas de libertad, imaginación, comunidad y amor. Sin embargo, no todos los aprendices experimentan la alegría y el juego de la misma manera, e incluso un mismo aprendiz no encontrará la alegría de igual forma en cada ocasión. La mirada del DUA nos recuerda la variabilidad de cada aprendiz y la importancia de integrar opciones y flexibilidad en el entorno de aprendizaje para apoyarlos en la búsqueda de su propia alegría.
- Cultivar la actitud lúdica en una variedad de formas, que incluyen, entre otras: juego al aire libre, juego sensorial, juego imaginativo y juego a través de las artes.
- Incorporar oportunidades para la exploración, la experimentación y el descubrimiento.
- Crear espacios para que los aprendices encuentren alegría a través de conexiones con sus identidades, su sentido de sí mismos y sus comunidades.
- Crear espacios para que los aprendices sientan orgullo por sus logros.
- Incorporar la narración de historias.
Concepto cultural y político que destaca la alegría como forma de resistencia frente a sistemas de opresión racial, asociado a comunidades afrodescendientes. ↩︎