Para despertar el compromiso en el proceso de aprendizaje, deben reconocerse, sostenerse y valorarse tanto los intereses únicos de los aprendices como sus identidades singulares, incluidas dimensiones interseccionales como la raza/etnicidad, la cultura, el género, la lengua y la discapacidad. Es fundamental reconocer la notable variabilidad en aquello que atrae y motiva los intereses de los aprendices, así como en lo que constituye un entorno que afirme la dignidad de cada uno de ellos.
Incluso un mismo aprendiz variará a lo largo del tiempo y según las circunstancias, sus intereses cambian a medida que se desarrollan y adquieren nuevos conocimientos y habilidades, y también pueden modificarse sus conexiones con diferentes dimensiones de sus identidades.
Crear un entorno de aprendizaje que acoja la integridad del ser de cada aprendiz es un paso crítico para garantizar que puedan acceder y comprometerse con el proceso de aprendizaje.