El aprendizaje no puede producirse sin retroalimentación, y esto implica que los aprendices necesitan comprender con claridad el progreso que están realizando hacia la meta de aprendizaje. Generar múltiples y variadas formas de retroalimentación a lo largo del proceso es esencial para favorecer el crecimiento de los aprendices. Es importante asegurar que estas diversas formas de retroalimentación estén explícitamente vinculadas a la meta de aprendizaje y que sean claras, oportunas, informativas, accesibles y personalizables.
Resulta especialmente relevante ofrecer retroalimentación formativa, que permita a los aprendices monitorear de manera efectiva su propio progreso y utilizar esa información para orientar su esfuerzo y su práctica.
- Utilizar indicaciones que guíen la autorregulación y la reflexión.
- Emplear representaciones del progreso (por ejemplo, fotografías del antes y el después, gráficos o tablas que muestren la evolución a lo largo del tiempo, portafolios de proceso).
- Explorar los distintos tipos de retroalimentación que resultan más útiles según las preferencias, metas y contextos específicos.
- Usar plantillas que orienten la autorreflexión sobre la calidad y la completitud del trabajo.
- Incorporar modelos diferenciados de estrategias de autoevaluación (por ejemplo, dramatizaciones, revisión de videos o retroalimentación entre pares).
- Emplear listas de verificación, rúbricas, modelos y ejemplos.